Maneki-Neko: historia, leyenda y significados del gato de la suerte japonés

Desde los gatos del arte antiguo del Ukiyo-e a Hello Kitty o Doraemon, no hay siglo o generación japonesa que no se haya reflejado en ellos y el Maneki-Neko los atraviesa todos.

En Japón, han sido y son un símbolo a lo largo de los tiempos encontrando  grabados antiguos (Ukiyo-e) y pasando de los mitológicos  ‘Hello Kitty’ al actual y muy querido  ‘Doraemon,

Cuentos, relatos y la observación de la vida cotidiana en Japón muestran a propios y extraños su importancia, con templos donde el gato es el principal personaje.

El Maneki-Neko es mucho mas que ese muñeco que vemos en las tiendas chinas de muchos países del mundo. Significa literalmente el «gato que invita a pasar» o «gato que hace señas», señas a la buena fortuna y de hecho en Japón su tenencia está generalizada. Si saluda con la pata derecha, se dice que trae prosperidad y dinero. Si saluda con la pata izquierda, atrae visitas, y también se cree que, cuanto más alto levante la pata, los atrae desde mayores distancias. Por último, si saluda con ambas patas, protege al hogar o establecimiento.

Existen muchas leyendas acerca del «gato de la suerte». Una de ellas nos explica que «Según cuenta la historia, alrededor de 1620, el templo Gotokuji en Setagaya-ku, Tokio, se mantenía en un muy mal estado debido a problemas financieros para su remodelación. En el pequeño templo vivía un monje pobre y su gata Tama. Animal y humano compartían aquella miseria, la escasa comida y el refugio que les quedaba. Un día, de camino a casa, un samurái de la provincia de Hikone llamado Naotaka Ii decidió tomar un descanso bajo un gran árbol cerca del templo. De repente, quedó atrapado allí, bajo una tormenta eléctrica, y en su espera se topó con un gato que parecía saludarle con la pata, invitándole a pasar al templo. El samurái le siguió, adentrándose en el edificio justo en el momento en que un rayo atravesaba el mismo árbol bajo el que se había guardado segundos antes. Aquello le resultó a Nakaota una auténtica obra divina, y agradecido donó una gran cantidad de dinero al templo».

 

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